| "Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo" |
| Johann Wolfgang Goethe |
A Dios se le ocurrió venir de visita a la tierra y eligió una ciudad latinoamericana. Paseando por la plaza central, de pronto se percató de que una de sus sandalias se había roto. Pensó que sería una buena oportunidad para conocer más íntimamente el comportamiento del ser humano, pues para él una sandalia rota era un detalle sin importancia; buscó un lugar para que se la repararan; entró a un establecimiento en que el zapatero, un hombre de mediana edad, más que darle la bienvenida le gruño:
En el carrusel del parque Xetulul Amelia da vueltas junto a su padre. Es una tarde soleada y agradable, ya casi dan las cinco y la gente empieza a salir del parque para regresar a su casa o al hotel. El parque está lleno pero para Amelia sólo existe el carrusel, papá y el vals que suena de fondo. Montada en un caballito ríe con toda la despreocupación de sus cinco años y una infancia segura. Dieciséis años después, en ese mismo carrusel ya deteriorado y con poca gente, ella escucharía con gran llanto ese vals, y recordaría aquella tarde.
Un pequeño en su oración le preguntaba a Dios:
Señor, sé que tú eres mi creador, que me has dado todo a cambio de nada, me has enseñado que debo esperar todo de ti, que contigo nada me podrá faltar, pero sabes, tengo una profunda duda y esta noche quisiera preguntarte, ¿Señor, tú me necesitas? ¿Por qué me creaste? , si tú lo eres todo y eres infinito, me pregunto a mi mismo, siendo un ser tan pequeño e insignificante ¿podré servirte de algo? ¿Acaso me necesitas?
Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Aconcagua, inició su travesía, después de años de preparación, pero quería la gloria para él solo, por lo tanto subió sin compañeros. Empezó a subir y se le fue haciendo tarde y más tarde y no se preparó para acampar sino que decidió seguir subiendo decidido a llegar a la cima.






